Al separarnos de súbito
mi alma se conmovió,
el amor fue in crecendo,
el dolor rasgó mi corazón.
En mis mohínas noches,
el silencio me quebró,
estallé acongojado.
Su ausencia consumaba.
¿Por qué tengo que amarla?
Ella me enseñó amar
en noches de Luna llena
al pie de un sauce llorón.
De amor supe, es por ella,
ahora habita en mi corazón,
echarla sería mi holocausto.
Hay ansiedad en mi alma,
en vano busca la calma.
¡Ah su labios de cereza!
mi boca reseca por sus besos,
eran muy endulzantes.
Mis manos se entumecen
sin acariciar su cuerpo.
La soledad me flagela,
sin misericordia.
El eco de mis ayes de dolor
se elevan al cielo infinito.
Carlos Rafael
Imagen de pinterest

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