Ha llegado la noche de Luna,
las estrellas titilan tentadoras,
se vistieron de seda dorada
y el aire se puso fragancioso.
Me inquieta saber si ya vienes,
con caricias y versos te espero,
es por ti mi amor inentendible
que yo mismo no sé qué te amo.
Se aroma la playa vacía
y las olas del mar se embisten,
pareciera que saben de lo nuestro.
Las arenas reclaman tu hermosura.
Como nunca la Luna brillaba,
provocaba extrañas sensaciones
que jamás yo había sentido,
porque tu caminabas cadenciosa
Aromada se puso la brisa,
acaricia silente tu cuerpo,
es placer divino que siento.
En la playa, seguía esperando.
Fue así que llegaste radiante,
tu beldad me embriagó en el momento,
me rendí a tus pies indefenso.
Mi amor, te pusiste sonrojada.
Apetentes estábamos, vida;
te amé con locura absoluta,
navegué con caricias y besos
en tu cuerpo ondeado de colinas.
Nos fundimos las veces, amada,
lo hicimos con ansias desbordantes;
remecimos los cuerpos como nunca
y logramos conquistar el empíreo.
Las estrellas, la Luna, la brisa
y la playa del mar, testigos se volvieron.
Suspiraron, al vernos esa noche,
ya quisieran que siempre nos amemos.
Hay amores que nacen y mueren
y lo nuestro, será inmarcesible.
Que transcurra el tiempo, no importa,
y seremos perpetuos, mi amada.
Te encontré escribiendo tus poemas,
sonreías en medio de las rosas,
entre ellas, tú la más cautivante,
y hermosa, de voz extasiante.
(Carlos Rafael -mpl)
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