A pesar de todo, persistió en su tenor,
se negó estar de pie, ni por la fuerza,
dejó que la vida se fuese lentamente.
Prefirió inmolarse en su desolación…
Sus triunfos logrados cuando amaba
se desplomaron chirriando con terror.
A nadie le importó su sombría existencia,
por eso, su sonrisa se puso en rictus.
Espantados sus sueños huyeron,
cabalgando en negros corceles
hacia el tenebroso horizonte.
Su mundo de angustia se escondió.
Nada ni nadie pudo comprenderla,
su corsé negro se lo impedía,
porque se volvió tiempo pasado.
Nunca más volvió a sonreir.
Mientras tanto, la vida discurría,
la primavera había llegado,
se resistía dar lugar al invierno.
!Diablos! Era rebelde y contumaz.
Carlos Rafael
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