Al hundirse el firmamento del otoño,
partiré sonriente a tu encuentro,
lucecitas resplandecientes en el cielo,
me guiarán alegres por tu camino.
Al llegar, donde te has ido aquel día,
estarás alegre por mi llegada.
Yo también, nos abrazaremos
efusivos,
secarás mis lágrimas con tus besos.
Correremos como los niños de los cuentos,
te diré que mucho te extrañaba,
que mis noches interminables me dolían,
y deseaba verte, y no perderte.
Prometí que te amaría en los cielos,
que lo nuestro nunca acabaría;
y ahora, este amor es infinito,
inmedible y siempre inmarcecible.
Bardo
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