Llegaste una noche calurosa,
tu blusa irisada y escotada.
Sonriente me abrazaste amorosa,
tu boca de cereza, acicalada.
Vestías pantalón muy ajustado,
tus muslos denotaban tu hermosura,
tus senos y sus montes aureolados.
Absorto contemplé tu bella cintura.
Tenías la mirada cautivante,
tus labios como pétalos tentadores,
tu voz encantadora y extasiante,
tus ojos subyugantes llena de amores.
Tu rostro parecía afrodísia,
tu boca, de mis sueños la delicia.
Locuras me causaban tus caricias,
tus besos inspiraban tu poesía.
Sería sin sentido mi existencia
si tú no estarías para amarte.
Por eso, yo extraño tu presencia,
confieso, no quisiera nunca perderte.
II
Aquella tarde de primavera,
renací con tu presencia bellida,
fragante céfiro como el aura,
y así regocijaste mi vida.
Luciente prímula en mis brazos,
y después me musitabas tu canto.
Amor me diste en tu regazo,
y tu voz, me provocaba encanto.
Ahora, eres mi compañera,
mi amante y mi fuente de poemas.
Tenerte, siempre yo quisiera,
subyugado por tu fino aroma.
Aquella tarde fue diferente,
la llegada del amor fue contigo.
Tu rostro bello encandilante
lo besé. Enamorado prosigo.
Por tí confieso que mi otoño,
es lozano y espléndida vida.
Por ti, parezco vivir un sueño,
y te juro que te amo querida.
Carlos Rafael

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