-Tú me cambiaste por otra, celosa estoy,
no me has enseñado poesía.
- Disculpa Nereida ¿Cómo podía
hacerlo, si tú eres mi poesía?
¿Qué puedo enseñarte?
Amor, tendrías que enseñarme tú,
para escribir tus poemas.
Ella, ya no dijo nada, miré hacia atrás,
se había dormido boca abajo sobre el sofá.
¡Cielos! Una poesía durmiendo...
Verla en prono me hizo alucinar.
Carlos Rafael






