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NOCHE DE ESTÍO


Desperté, no estabas, 

la fragancia a la rosa de tu piel, 

en el aire flotaba. 

En mi boca, tu sabor a dulce miel. 


Fue la noche de estío, 

totilunio que en tu piel se reflejó;

y me diste el rocío

del secreto de tu amor que me ofuscó. 


Yo quedé exhausto, 

y debajo de tu vientre me rendí. 

Me saciaste de gusto 

como bella del Edén, yo te sentí. 


Te confieso amada, 

yo perdí con tus caricias la razón;

y mi alma turbada, 

consumada por tus besos de pasión. 

¡Oh que noche tan loca! 


Carlos Rafael  - mpl

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AL AMARNOS

Al amarnos las estrellas parpadean,

las pasiones inhibidas, se emancipan.

Somos incendiarios e irracionales,

nuestros subconscientes se liberan.

 

Nos autodeterminamos como locos

y con frenesí realizamos los sueños,

declaramos extintas las falsedades.

Conjugamos nuestros cálidos cuerpos.


Como omniamantes a ultranza

cruzamos los momentos del trance, 

y la vida sobrepasamos en sucesivos

momentos de resolución recíproca.


En nuestros intervalos de lucidez

repudiamos la conciencia constrictora,

al amarnos no podíamos ser normales

O sea, somos locos, locos de amor.


La felicidad no puede ser racional

nunca fuimos felices con la razón.

Cómo te amo mi hermosa ida,

orates soy por tu amor inconcluso.


Lo sensato, lo cuerdo y lo normal

nos hace un daño irreparable,

nada nos impide al amarnos. 

Somos la infinitud del amor.


Carlos Rafael 

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CONTIGO

 

Dulce musa, contigo no hay distancia, 

el tiempo, para nosotros, se escabulló;

nunca hubo entre ambos, la ausencia, 

sentimos, la conexión que ya nos adhirió. 


Tú, la musa luciente irresistible,

me causas indescriptible y rara sensación. 

Luego, siempre mi sueño es realizable, 

y, sabes enloquecerme con toda pasión. 


Siempre vuelve la brisa a la playa

del mar, con descontrolada 

desesperación, 

quiere huellas del néctar de ti hayan. 

Quisiera acariciar tu piel, es su ilusión. 


Tiene ansias el bosque por tu aroma, 

los arboles alistaron con abnegación, 

ramas frescas cual fuera como  una cama. 

Ahí, yo te he amado con gran efusión. 


Carlos Rafael

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CUANDO TE CONOCÍ

 De mi poemario INOLVIDOTECA. 


El hálito de las flores de esa mañana, 

me hizo suspirar encantado. 

El canto de melodías de una fontana, 

decia: el amor ha llegado.


Las tórtolas despertaron revoloteando, 

estaban como nunca, felices;

el céfiro se hallaba alucinando, 

giraba y giraba las veces. 


El cielo, se desplegaba resplandeciente, 

preámbulo de una historia, 

la nuestra, que llegaba silente. 

Haberte conocido, mi gloria. 


Las flores, se perfumaron a tu piel alba, 

sus pétalos por ti relucieron. 

Llegaste, y yo, alegre por mi rosalba;

después, los colibríes te desearon. 


Dejaste que te abrace contra la Luna, 

luciérnagas por ti se alegraron, 

dijeron que como eres, no hay ninguna. 

Incluso, las estrellas asintieron. 


Dejaste que mis caricias locas te amen, 

las tórtolas absortas nos miraban, 

querian que sus cortejos pronto las amen; 

al vernos, las palomas deliraban. 


Carlos Rafael 

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PARA ELLA

 

Ha llegado la noche de Luna, 

las estrellas titilan tentadoras,

se vistieron de seda dorada

y el aire se puso fragancioso.


Me inquieta saber si ya vienes,  

con caricias y versos te espero, 

es por ti mi amor inentendible 

que yo mismo no sé qué te amo. 


Se aroma la playa vacía

y las olas del mar se embisten,

pareciera que saben de lo nuestro.

Las arenas reclaman tu hermosura. 


Como nunca la Luna brillaba, 

provocaba  extrañas sensaciones 

que jamás yo había sentido, 

porque tu caminabas cadenciosa 


Aromada se puso la brisa,

acaricia silente tu cuerpo,

es placer divino que siento.

En la playa, seguía esperando.


Fue así que llegaste radiante,

tu beldad me embriagó en el momento,

me rendí a tus pies indefenso.

Mi amor, te pusiste sonrojada.


Apetentes estábamos, vida;

te amé con locura absoluta,

navegué con caricias y besos

en tu cuerpo ondeado de colinas.


Nos fundimos las veces, amada,

lo hicimos con ansias desbordantes;

remecimos los cuerpos como nunca

y logramos conquistar el empíreo.


Las estrellas, la Luna, la brisa

y la playa del mar, testigos se volvieron.

Suspiraron, al vernos esa noche,

ya quisieran que siempre nos amemos.


Hay amores que nacen y mueren

y lo nuestro, será inmarcesible.

Que transcurra el tiempo, no importa,

y seremos perpetuos, mi amada.


Te encontré escribiendo tus poemas,

sonreías en medio de las rosas,

entre ellas, tú la más cautivante,

y hermosa, de voz extasiante.


(Carlos Rafael -mpl) 

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DELIRANDO


Como la brisa yo quisiera

rozar tu blanca piel fragante, 

tus cabellos, tu cadera, 

tu dulce boca extasiante… 


Como la Luna de la noche

tocar tu cuerpo desearía, 

poder besarlo con derroche

hasta hacerte solo mía. 


Como el agua del verano

recorrería tu belleza, 

hasta lo más cerca y lejano, 

desde tus pies a cabeza. 


Tu negligé de seda rojo, 

sobre tu cuerpo de colinas, 

yo me imagino, me sonrojo. 

¡Ay tus caricias! son tan finas. 


Cuando oí tu voz de musa, 

me cautivaste sin remedio;

de mis poemas fuiste causa, 

de mis pasiones el incendio. 


Me enloqueces mi tesoro

con tus encantos de poetisa. 

Es tu existencia la que adoro, 

y tu hermosura muy precisa.


Carlos Rafael

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ME DUELE


Hermosa musa, me duele tu ausencia. 

Los colibríes extrañan tu boca, 

tampoco pueden vivir sin tu presencia. 

Mis pensamientos, por ti se ofuscan. 


Hablame vida, tu sabes que te añoro. 

si no lo haces, padezco, me matas. 

Decime algo. intensamente te adoro, 

es tu amor y pasión que arrebata. 


Te busco ¿dónde estás? No te encuentro, 

en la Castalia también no estabas, 

los poemas, tristes se fueron sin tu estro. 

¡Oh esperanza! soñé que llegabas. 


Oír tu voz de Calíope quisiera, 

irresistible pasión me causabas. 

Regresa pronto , me desesperas, 

no me olvides, contigo deliraba.


Ayer, mi alma lloró desconsolado, 

ya no podía, por tí se quebraba;

y yo, sufría acongojado. 

Tu lejanía, ya no soportaba. 


Carlos Rafael  - mpl

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LLEGASTE

Ha llegado la musa hay fiesta en mi alma.  Mis poemas causa.  La esperaba  el vacío dolía.  Yo la soñaba.  La imaginaba,  intensa de ternura...