En tu larga noche,
apagaste la luz.
Pero, no pudiste
con las luciérnagas.
Ellas aún brillan,
como trozos del día
en la inmensa noche,
perviven y alumbran,
como olas de luz.
No pudiste detenerlas.
No supiste apagar
a la Luna y las estrellas,
el amor no ha muerto.
Tampoco los sueños,
utopías y fantasías
pudiste extinguirlas.
Ellas no mueren,
son invencibles,
no temen a la sombra.
¡Te equivocaste!
Tu silencio morirá,
en la fría soledad
del rumor del viento,
tu indolencia es cobarde,
porque mutilaste
a la vida y al amor.
Tu miedo te angustia,
por eso tu maldad crece
en ecos inaudibles.
Los ayes de tu alma
te seguirán siempre.
Dolió tu perfidia.
Carlos Rafael

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