No pude convencerla,
su corsé negro lo impedía,
se volvió tiempo pasado.
Ya no deseaba sonreír.
Mientras tanto, la vida sonreía,
la primavera había vuelto,
en vano se resistió el invierno,
¡Diablos! era rebelde y contumaz.
Extraviada en su laberinto,
su soledad se volvió cotidiana;
su corazón intentaba endurecer,
mas su alma, no la dejaba hacer.
Dime amada ¿qué te hice?
¿por qué te escondes de mí?
Déjame arrullarte en mi pecho
y darte mi calor inextinguible.
Prometí amarte con el alma
hasta en tu vida autumnal;
lo que siento por ti es infinito,
tu eres mi amor inmarcecible.
Prometí juntos cruzaríamos
hacia el otro mundo célico,
unidos inseparablemente.
¡Porque mi amor es inexorable!
El Poeta Loco

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