Etiquetas

ETCÉTERA


Amo tus cimas,

tus colinas,

tus "cántaros"

y tus rincones. 


Amo tus manos

níveas y suaves, 

cuando acarician

son traviesas. 


Amo tu delicia, 

tu ambrosia, 

tus suspiros

y tu perfume. 


Amo tu totalidad, 

me enfervorece 

y desenfrena, 

irreparablemente. 


Tu amor es divino,

es vino rojo, 

tu boca con ansias

me embriaga. 


Carlos Rafael

Imagen de Internet


NOS NECESITAN

 Comparto en versos libres, de mi poemario "Versos en tiempos del Corona Virus".


La Luna está triste, 

nostálgica y desolada. 

Extraña nuestras caricias

y cálidos besos alongados.


Parece que sollozara 

por tu ausencia incierta,

dolorosa e indefinible. 

Ya no ilumina tu cuerpo.


Hasta nuestras almas 

acongojados se consternan,

se reclaman, se buscan

y extrañan sus cuerpos

¿Y tú?


La Luna, desconsolada,

soporta atribulada

detrás de las nubes negras,

por la ausencia de tu amor. 


La Luna se vistió de negro. 

resignada por tu indolencia, 

en su corazón está clavada

la espina de tu indiferencia.


¿Por qué tanto desdén?

¿Si llorando me pedías te ame

y que no dejara de amarte?

¡Es atroz tu silencio mutilante!


Vida, nuestras almas 

no se resignan a perdernos,

necesitan nuestros cuerpos 

para amarse como lo hacían.

¿Y tú?


Carlos Rafael

Imagen de internet


LA VÍ

Hoy la ví, tan hermosa, con su mirada perdida. 

El viento, jugaba con sus cabellos castaños. 

Hoy la ví, sonreía exuberante de vida, 

de pronto, sentí que reverberaron mis años. 


Caminaba radiante con su vestido de seda, 

de rojo escotado, como si fuera un sueño;

y la brisa, a ella se perfumó y muy leda. 

Volver yo deseaba ser otra vez su dueño.


Sorprendida al verme, ella me guiñó sonriendo, 

aún me ofuscaba con sus encantos divinos. 

Más hermosa la ví, y yo la seguía amando;

y cómo volviera a besar sus labios tan finos.


Cuando paica, llorando me prometiste amarme, 

debajo la Luna yo te entregaba mi vida, 

nos unimos. Al verte, es muy hermoso acordarme. 

Te amé con el alma, y eso, jamás se olvida. 


Carlos Rafael

Imagen de red


EN LA PLAZA

Aquí, sentado en las gradas de la plaza, espero con ansias que aparezca la Luna llena. La noche está calmada, el cielo despliega sus estrellas rutilantes. El calor de una suave brisa acaricia mi rostro de aspecto abrumado por recuerdos imborrables que perduran,  muy a pesar de lo años que han transcurrido. 

Cómo olvidar, que en este lugar, una noche como hoy, juramos amarnos hasta nuestra existencia otoñal; juramos amarnos, incluso, hasta la otra vida, infinitamente. Aquella noche, la Luna llena, resplandecía Intensamente iluminando el momento en el que nos fundimos en un beso tórrido  y alongado. 

Aún puedo sentir en mis labios, sus labios con sabor a cereza; su piel albugínea endulzada a miel; sus cabellos negros rizados y aromados a rosa, su cuerpo de curvas y cimas arrebatantes. 

¡Ah! sus suspiros pausados desde la profundidad de su corazón. Yo la tenía arrullada en mi pecho, como a una niña, y acariciaba su tierno rostro de piel sedosa. 

La plaza como ahora, estaba vacía, y nosotros, en sublime unicidad inseparables, amándonos debajo de la Luna llena, testigo o cómplice de nuestro amor puro e incondicional. Ahora, en esta noche de nostalgia, contemplo embelesado la aparición de la Luna llena detrás de las lejanas  montañas. Mi alma se alboroza, mi cuerpo tremoso y mi corazón palpitante; mis ojos, contritos, dejan caer unas lágrimas que humedecen mis frías mejillas, inevitablemente. La sigo amando, tal vez más que nunca. 

Desde que te has ido repentinamente una mañana de cielo clareado hacia la infinitud, no puedo olvidarte. El vacío que dejaste en mí, es imposible que alguién pueda llenarlo; desde que te has ido, te hiciste irremplazable e imprescindible, tanto que, vivir sin ti es muy doloroso. Espérame amada mía, que ya estoy atravesando el umbral de mi existencia otoñal. Mi final, ya puedo avizorar en el horizonte embermejecido, y aguardo  con ansias, el momento aquel para estar juntos y amarnos allá donde estás, en tu mundo célico, donde irreversiblemente seremos perpetuidad. 

¡Definitivamente! 


Carlos Rafael

Imagen de red








VOLCÁN

Amada mía, soy tu volcán, 

y tú, la fértil selva abonada

de profuso amor inagotable, 

Soy lava ardiente de pasión

provocada por tu cuerpo albo

de  extáticas colinas  y areolas... 


Soy el navegante que se perdió

en el centro de tu vida y amor, 

donde me embriagué exultante

con el aroma de tu delicia good girl. 


Soy tu volcán, y tú, el sosiego 

de mi pasión sedente por tí. 

Solo tus gemidos, caricias 

y besos pueden extinguirme 

inevitablemente con tu culmen divino. 

¡Me acuerdo, me abrazabas intensamente! 


Carlos Rafael

Imagen de red




LLEGAMOS

Su  piel ardía, 

al besarme se escabió. 

Amor pedía. 


Ida estaba, 

humedeció mi boca, 

amor me daba. 


Y acaeció

que el tiempo se detuvo. 

Todo sucedió. 


Juntos llegamos

al climax fulgurante. 

Nos adherimos. 


Su piel fragante, 

a good girl me encantó, 

fue su talante. 


Carlos Rafael

Imagen de red




LUNA LUNAREJA

Luna bella de la noche infinita, 

absorto  por ti, 

tu belleza irradiante  es mágica

es conturbante. 

Tu eres mi poema de amor célico,

 espléndido. 

El lunar sensual sobre  tu labio

delgado, 

causa sensaciones indecibles

de fruición. 

¡Oh beldad! Me obnubilaste inevitablemente. 

Devienen sensaciones de pasión

incontrolables, 

como olas del mar que se agitan

impetuosas, 

¿y tú? sonríes enternecidamente 

por mis ansias;

y yo, padeciendo por besar el lunar de tu rostro

Te abracé con delicadeza y tú, 

sonriente, 

para evitar que bese tu lunar miraste 

a un lado. 

Al implorar un beso donde está

tu lunar, 

accediste, y viví aquella noche muy feliz, 

sentí tu piel, 

tan suave y aromada como pétalo 

de rosa. 

Sin remedio, desde entonces amo

tus encantos, 

subyugado estoy a tus pies de niña, 

mi Luna lunareja. 


Carlos Rafael 

Imagen de red




LLEGASTE

Ha llegado la musa hay fiesta en mi alma.  Mis poemas causa.  La esperaba  el vacío dolía.  Yo la soñaba.  La imaginaba,  intensa de ternura...