como agua secando;
mi vida ha pasado,
Felíz he sido con ella,
la amaba, me amaba;
ha sido una estrella,
sus encantos me los daba.
Diré su nombre al irme,
en mi mente su belleza;
Ví una rosa en un jardín,
de rojo púrpura,
reluciente de belleza
y fraganciosa como tú.
La deshojé con mis labios,
besé sus pétalos,
y bebí el cáliz de su amor,
tenía tu dulce sabor.
Conocí a la primavera,
jamás fui tan feliz
como lo soy ahora,
porque estás conmigo .
Si algún día te vas
los jardines se amustiarán,
la primavera se irá.
Mi noche será inconclusa.
Como un niño asustado,
trémulo te buscaré,
me esconderé en un rincón
de la nostalgia agraz.
Inagotable te aguardaré,
con la mirada perdida
en la infinita noche.
Si regresas algún día.
(Carlos Rafael)
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I
(Primera vez)
Llovía aquella noche cálida,
tu blusa delgada de seda mojada
se adhería a tu cuerpo,
trasluciendo tu belleza curvilínea.
Tus castaños cabellos mojados
caían sobre tu rostro de niña,
te volvían sensual e irresistible.
Llovía y llovía aquella noche.
De súbito, nos abrazamos,
no sabía cómo protegerte
tu respiración cerca de mi boca,
nuestros corazones se agitaron.
Entonces, tus pequeñas manos
se deslizaron inquietas a mi cuerpo,
y también las mías lo hicieron.
Tus suspiros me extasiaban.
Nuestros cuerpos se buscaban,
la lluvia encendía pasiones
deviniendo extraños deseos.
Pero, estábamos muy felices.
Dijiste en voz baja a mi oído:
"Es nuestra primera cita romántica."
Hermosa mujer de mis fantasías,
ansioso espero volver a verte.
(Carlos Rafael)
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No. 2
Hermosa la Luna llena brillaba,
su extraño encanto estimulaba;
la noche a rosas se aromaba
y un grillo alegre canturreaba.
Lucía la noche de plenilunio,
el cielo festivo se desplegaba
mostrando estrellas de gran fortunio,
gozando de un aire que extasiaba.
Sesteabas divina sobre tu cama
beldad deslumbrante en tu pijama,
sinuoso y albo transparentaba.
Tus senos redondos, me perturbaban.
Rosadas areolas me entregaste,
bebí tu elixir y me embriagaste.
Tu noche de amor fue apasionada
y yó, en tus brazos me alocaba.
Tus labios delgados los he besado
rosados fragantes me han cautivado,
perdido en tu cuerpo he descendido
llegando a tu centro. Hemos vivido.
En cuerpo y alma nos fusionamos,
fue tanto amor que nos entregamos
que ahora no dejo de imaginarte.
Mi amada, hermoso es desearte.
(Carlos Rafael)
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I
No es fácil echarte al olvido
mis labios aún están humedecidos por tí.
No sé lo que sucederá si se resecan.
¿Acaso volverás como la primavera?
Que no sea cuando el otoño me pulverice.
Entonces no seré nada en este mundo.
Pueda que renazca en la otra realidad,
los que se aman dicen que se reencuentran.
Te esperaré, así sea en la perpetuidad.
II
Cuando llega la noche, ya no estás,
en vano te busco entre las estrellas,
y la cruel soledad me terebra el alma.
En total desvelo, larga se hace mi noche,
puedo oír los ayes del dolor de mi alma
que padece el tormento de tu ausencia.
Se han diluido en el páramo inhóspito
las últimas gotas de mis lágrimas
porque tu prolongada ausencia mata.
III
Solo el olvido mata las esperanzas
y jamás vuelve a retoñar el amor,
hasta las quimeras son inmoladas.
Pero, ¿cómo olvidarte mi amada
si estás en mis sueños amándome
como lo hacías en nuestras noches?
Al despertar ya no estás conmigo
solo tu fragancia permanece en mi cama
y mis sábanas humedecidas por tí.
IV
Las flores marchitas se han resecado
el viento se las arrastra indefensas,
el olvido ha consumado su amoricidio.
No sé que será de mi amor por tí,
el sepulturero -el olvido- se olvidó de mí,
porque mi amor por tí no ha muerto.
Errático andaré por lugares desconocidos
en busca del olvido para que se extinga
lo que se resiste a morir en mi corazón.
(Carlos Rafael)
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Nos dejamos caer
como hojas resecas
que el viento se las llevó.
Nada quedó de nosotros.
¿Qué nos sucedió?
El fuego que encendimos,
de pronto se extinguió,
ni cenizas han quedado.
Luego, en silencio.
Nos alejamos sin un adiós,
sin decir un hasta pronto.
Ahora, ni nos hablamos.
Juramos amarnos siempre,
y olvidamos que ambos
unimos nuestros cuerpos,
y fuimos pasión unánime.
Ahora, muerde la nostalgia,
mi alma llora sin consuelo
ya no conoce el sosiego,
día y noche padece por tí.
(Carlos Rafael)
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No. 3
Cuando duermes en mis brazos
pareces una niña indefensa,
vulnerable a mis besos
y expuesta tu belleza tan intensa.
Tus cabellos acaricio,
suspiras y tu cuerpo se estremece,
me provocas, pierdo el juicio.
De nuevo, la coyunda acontece.
Cuando duermes en mis brazos,
admiro fascinado tu belleza
que reposa en mi regazo.
Por tí, hasta mi alma se embelesa.
Cuando amas, se despliega
un cielo de estrellas asombradas
por tu forma de entrega,
se han vuelto sin remedio perturbadas.
Cuando amas en tu lecho,
la Luna, la indiscreta romántica,
te ilumina en tu pecho,
te beso y te vuelves volcánica.
Cuando duermes, en tu sueño,
me dejas que te ame con locura
que quisiera ser tu dueño
y amarte para siempre sin censura.
No quisiera que amanezca,
que el tiempo se detenga al unirnos
y que nunca desfallezca,
que sea impensable separarnos.
(Carlos Rafael)
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Ha llegado la musa hay fiesta en mi alma. Mis poemas causa. La esperaba el vacío dolía. Yo la soñaba. La imaginaba, intensa de ternura...