Tu voz, es la melodía del empíreo,
me embelesa con ternura.
Al oírte, eres tan suave y endulzante
para mi alma,
parece que me hablaras desde la lejana Castalia.
No puedo resistir la magia de tu cautivante voz,
aunque me aten a un mástil, me haces muy feliz.
Tu hermosa voz de fémina, es etérea
y divinamente fascinante.
Háblame, déjame oír tu tierna y cálida
voz de seráfica.
Jamás te silencies, porque eres céfiro
de la primavera aromática.
¡Me obnubilas!
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