Aquella noche de plenilunio en la playa,
para amarte, te convertiste como yo,
entonces ambos nos entregamos como nunca.
Nos consumamos inagotables de pasión.
La Luna llena se complacía satisfecha,
resplandecía en tu aromado claro piel;
y tú, me dabas sin condiciones tu delicia.
Te convertiste en la hermosura de mujer.
Jariosos juntos descobijamos lo incognito,
lo inconcebible e incontenible del amor;
y nada pudo interrumpir, fue inevitable
lo misterioso de nuestra coyunda salvaje.
Ahora, somos inseparables al amarnos,
es imposible mi existencia sin tu amor;
la Luna llena, te convirtió en mi amada
tan estuante y conturbada de pasión.
Lobo Solitario
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