Mis labios acariciaron
los pétalos de la rosa rosada.
Amé su secreto escondido,
su delicia, me embriagó de amor.
El aroma, de su cuerpo,
se impregnó en mis labios,
besé su voz de dulce melodía.
Mis manos peregrinaron en su piel.
Me extravié exultante
besándola incesantemente.
Sus suaves manos inquietas
e itinerantes me enloquecían.
Carlos Rafael
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