Repente se murió aquel día,
la mañana agonizó entristecida,
incierta esperanza moría;
y mi alma se lamentaba aterida.
Entonces me dolió tu ausencia,
el alboreo primaveral languidecía,
las flores del jardín sin nascencia.
Consternado y amustiado padecía.
Sentí en lo profundo del alma,
un dolor que desconocía y terebraba.
Sentí que me dejaba la calma,
me di cuenta que tu silencio me mataba.
Nosotros, los amantes de antes,
ya no somos como el fuego que ardimos
en noches de amor centellantes.
Sigilosos, a escondidas nos perdimos.
Extraño tu presencia mi vida,
no sabía que te amaba demasiado.
Mi alma se encuentra abatida,
sin consuelo, yo me ahogo angustiado.
Martirio es vivir sin amarte,
ya no siento ni tu perfume en las rosas.
Te busco sin poder encontrarte,
mi jardín, ya ni tiene flores glamurosas.
Tal vez no podamos ni vernos,
y quizás en la otra vida nos veamos,
entonces, volveremos a amarnos,
y resueltos con perpetuidad nos uniremos.
Carlos Rafael
Imagen de red

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