Incansable, recorrí el bosque,
donde una noche de Luna llena,
fuimos conjunción de cuerpos
y fusión de células del amor...
Los grillos, al verme angustiado,
se pusieron acongojados,
silentes en la noche inacabable.
Hasta la brisa se detuvo, mustio.
Tu larga ausencia, terebra mi alma;
a veces, siento que me estás matando.
¿Dónde estás hermosa Nereyda,
que ya no podemos ni amamos?

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