De las estrellas,
eres la más refulgente;
de las flores,
la más aromada;
de las primaveras
la más extasiante;
en mis sueños
no eres prohibida;
en mis noches,
reina deseada del amor.
Tus ósculos fervientes,
son veranos de amor;
tu boca tentadora,
que se abre deseable;
tus labios rosados,
delgados y enmelados
son sabores de goce;
tu suave voz extática,
es la llamada inevitable
para ser amada.
Tus lunares,
causantes de mi ofuscación;
tu piel tersa, alba
y fraganciosa, es aliciente;
tus senos apelmazados,
enhiestos y desafiantes
que reclaman sus besos.
¡Hay de tus cabellos!
ensortijados de castaño claro,
que desean sus caricias.
¡Hay de tu cuerpo!
ondeado y arrebatante
en actitud de entrega.
Tus muslos de afrodita
agraciadas, sensuales
e incitantes.
Tu semblanza de beldad,
cabalga hacia
su cúlmen de felicidad.
¡Hay de tu horcajadura!
fue ahí que perdí la razón.
(Carlos Rafael)
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