Ella era una bella poesía,
y el, escribía sus versos
desde su piel de seda.
Lo hacía a besos locos.
Ella, le dió una rosa rosada
y el, besó sus pétalos,
alucinó con su aroma.
Jamás había sido tan feliz.
Ella, suspiraba de amor,
y el, frenético rimó
boca a boca a su poema.
Sus almas se unieron.
Ella, era su musa.
En las noches de Luna,
se entregaba delirante
a su "escribidor" de poemas.
La musa y su "esbribidor"
eran muy felices.
Nadie lo sabía,
excepto, la indiscreta Luna

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