Cuando yo beso tu boca
libera ignoto deseo
que a mi alma aloca.
Me causa intenso ardeo.
Como almíbar tus labios,
probé su sabor apetente.
Mi boca por ellos bravíos,
tu hálito era ferviente.
Y en tu rostro veía
bacán de amor tu sonrisa,
embelesante placía.
Por ti, se extasiaba la brisa.
Se asemeja tu rostro
al pétalo suave de rosa.
Como de ti, no hay otro,
ni joya y súchil preciosa.
Ah, de tus cimas sensuales
parece desearan sus besos,
de mi pasión son causales.
¡Oh Dios! Tu andar cadencioso.
Tus ondeados cabellos,
parecen la noche de magia,
fragantes, sedosos y bellos.
En fin, para mí, es zahia.
Sobre tu dorso, hermosos
se esparcen tus negros cabellos.
Me desafían estuosos,
los amo, así son tan bellos.
¡Hay de tu vientre de vida!
raíz del amor infinito
y de pasión encendida.
Por ti es que tengo prurito.
Ya no habrá el olvido.
La noche, el día, el cielo
nos pertenecen mi vida.
No habrá jamás el desvelo.
Nos volveremos perpétuum,
el tiempo será de nosotros;
nuestro amor continuum,
distinto será a los otros.
Carlos Rafael

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