Al conocerla todo se remeció,
sentí que me desplomaba,
mi corazón de pronto enterneció,
sabía que la amaba.
Con emoción le hice mi confesión,
y cómo poder amarla.
Me sonreía, era mi ilusión,
y cómo no pretenderla.
A su reinado, ella me sometió,
de súbito deliraba.
Fue sublimante, ella me abrazó,
y yo la acicateaba.
Entre suspiros fueron, y aconteció,
que todo fue sucesivo,
felicidad profusa que traslució.
Mi amor fue definitivo.
Su existencia tiene tanto amor,
con ella me desbordaba,
como verano, tiene tanto fervor.
Amando me enmielaba.
Cautivadora, dulce con plenitud,
bravía y dominante,
impetuosa hasta la infinitud,
y siempre anonadante.
Su primavera nunca se marchitó,
seguía embelesante,
mi sentimiento nunca se extinguió.
Aún somos los de antes.
¡Oh flor hermosa cuánta felicidad!
Dichoso estoy con ella.
Carlos Rafael
Imagen de Internet

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